A mí se me cayeron dos lagrimones como dos puños, mi madre me cerró la mano y me dijo: ¡ahora es tuya! y yo le pedí con todas mis fuerzas poder tener la mitad de la entereza en mi vida que ella tuvo en su muerte.
Si fuese de oro, brillantes, esmeraldas y perlas, no sería tan valiosa como lo que representa.
Es mi broche más lujoso ahora y me lo pondré tantas veces como la necesite a ella.
Feliz fin de semana.
Anna Full