viernes, 29 de noviembre de 2013

Perlas que vuelven

Fué hace más o menos tres meses, cuando estando de visita en casa de mis padres mi madre me llamó a su cuarto, tenía un cajón abierto y una pequeña cajita en la mano, me dijo: ¡ábrela! y allí estaba ella de nuevo, tal y como hacía años yo se la había regalado a mi tía, un ángel en nuestras vidas, la alegría y la sonrisa en persona, la maestra, educadora, la que se preocupaba por todos antes que por ella...
A mí se me cayeron dos lagrimones como dos puños, mi madre me cerró la mano y me dijo: ¡ahora es tuya! y yo le pedí con todas mis fuerzas poder tener la mitad de la entereza en mi vida que ella tuvo en su muerte.
Si fuese de oro, brillantes, esmeraldas y perlas, no sería tan valiosa como lo que representa.
Es mi broche más lujoso ahora y me lo pondré tantas veces como la necesite a ella.
Feliz fin de semana.



                        Anna Full